sábado, 14 de junio de 2008

JESÚS Y EL MENDIGO.

JESÚS Y EL MENDIGO.

MARCHABA EL BUEN JESÚS POR EL CAMINO
EN SUS LARGAS JORNADAS POR EL MUNDO;
Y ERA ENTRADA LA NOCHE CUANDO VINO.
A POSTRARSE A SUS PIES UN VAGABUNDO.

Y LE DIJO CON JÚBILO Y CON LLANTO
¡ CUÁNTO TE HE BUSCADO, SEÑOR! ;
PARA QUE ME HAGAS UN GRANDÍSIMO BIEN.
Y ABRIENDO SU MANTO,
SU CUERPO LE MOSTRÓ LLENO DE LLAGAS.
CRISTO MÍO, TE HE ESPERADO TANTO...

DE PUEBLO EN PUEBLO VOY PARA QUE VEAN
MIS ULCERAS SANGRANTES, Y MITIGUEN MI DOLOR.
PERO LOS HOMBRES ME APEDREAN.
Y LOS PERROS RABIOSOS ME PERSIGUEN.

TEN PIEDAD DE MIS LLAGAS MISERABLES
TÚ, QUE LLEVAS EL BIEN, POR DO CAMINAS
¡TÓCALAS CON TUS MANOS ADMIRABLES!
QUE CONVIERTEN EN ROSAS LAS ESPINAS.

ASÍ HABLÓ EL MENDIGO CON TRISTEZA:
Y ENTONCES CRISTO, LLENO DE TERNURA
PUSO UN BESO DE PAZ EN SU CABEZA
Y LE HIZO DESCANSAR SOBRE SU SENO.

DICIÉNDOLE.. POR TODAS TUS QUERELLAS
YO MEZCLARÉ MIS LÁGRIMAS CONTIGO
¡ Y LLORÓ TANTAS! QUE AL BAÑARSE EN ELLAS
Y AL MIRAR SUS HERIDAS EL MENDIGO.
NO PUDO NI SIQUIERA HALLAR LAS HUELLAS.

( Autor desconocido ).
ENVIÓ : PATRICIO GALLARDO VARGAS.