viernes, 2 de noviembre de 2007

NAHÚM : EL PROFETA QUE CONDENÓ A UN IMPERIO.

Nahúm: el profeta que condenó a un Imperio.

La profecía de Nahúm es ligada a un acontecimiento histórico muy relevante: la caída del poder de Nínive en el 612 a.C.. Sus profecías coinciden con el comienzo del ministerio del gran profeta Jeremías, y son el eco de la alegría desbordante de todos los pequeños Estados de oriente que se veían liberados del dominio de los asirios.
Un siglo antes, el gran imperio asirio había impuesto su dominación hasta la frontera de Egipto, cuando el rey asirio Asurbanipal arrasó la ciudad egipcia de Tebas. A partir del 625, los babilonios reconquistan su independencia y logran ganarle al poderoso imperio asirio en el 612.
Es muy poco lo que sabemos del profeta Nahúm, y es muy difícil localizar donde quedaba Elcós, su pueblo natal, aunque los estudiosos suponen que se trata de una aldea poco importante de la región de Judea, al sur de Canaán (Nah 1,1).
Es también muy difícil situar la época en que Nahúm predica; la mayoría de los estudiosos sitúa al libro en la época del rey Manasés.

La visión de Nahúm sobre un imperio agresor y opresor
Nahúm levanta su voz en una época de desesperanza. El Reino de Israel, que se había separado del Reino de David en el año 950 a.C., era el pueblo hermano de Judá y había sido destruido y arrasado por el Imperio Asirio (que había destruido la capital, Samaria, en el año 721).
El rey Manasés, hijo del piadoso rey Exequias que había logrado evitar la conquista de Jerusalén a manos del rey asirio Senaquerib, no tenía ni la valentía ni el amor a Dios de su padre, y al ver que todavía el Imperio del Norte lo amenazaba, se volvió un sumiso vasallo del rey de Asiria, violentando incluso las costumbres religiosas de Israel, persiguiendo a muerte a quienes como el profeta Isaías (a quien terminó asesinando) le reprochaban su traición al Señor y a su pueblo. Sin embargo, a pesar de esta política de sumisión, también Jerusalén fue conquistada por los asirios en el año 701.
Si alguien piensa que un creyente en Dios, no debe ocuparse más que de rezar y no de la política, que lo piense dos veces, porque Nahúm hizo todo lo contrario a esto.

Nahúm comienza a predicar, y su canto de júbilo por la caída del imperio asirio es un himno de alabanza a Dios, el Señor de la historia que libera a su pueblo. Sin embargo, este canto desborda en tonos nacionalistas y de revancha que invocan la ira del Señor, propios de la época.
Nosotros no estamos muy acostumbrados a este discurso, creemos que Dios es misericordioso y paciente. Pero Nahúm sostiene que la paciencia del Señor tiene un límite, y sobre todo cuando se trata de gente como los asirios que lejos de arrepentirse aplastan con su poder militar a los pueblos conquistados y a la gente sencilla.
Dios no toma partido a favor del poderoso y prepotente sino que protege al débil y al indefenso.
"El Señor es paciente, pero su poder es grande, y nada deja sin castigo. ¿Quién podrá soportar su enojo? ¿Quién podría resistir el ardor de su ira?
...El Señor es bueno y es refugio en el día de la angustia, pues él cuida a los que se refugian en él.
La opresión no se repetirá. Son una maraña de espinos, y serán devorados completamente como paja reseca.
Es que de ti Nínive, salió el que tramaba el mal contra el Señor, el que ideaba planes siniestros.
Así dice el Señor a Judá. Por muy robustos que sean, serán cortados y desaparecerán.
Si te he humillado, no volveré a hacerlo, pues ahora quebraré el yugo que pesa sobre ti y romperé tus cadenas.
Y sobre ti, Rey de Nínive, esto ordena el Señor: no te quedará ningún descendiente ni quien continúe tu Nombre. Voy a eliminar del Templo de tus dioses, a tus ídolos tallados y fundidos, y te prepararé una tumba, porque eres despreciable."
(Nah 1,2-3. 6-13)

Un imperio nefasto
No hubo en la antigüedad imperio más temido y más odiado que el asirio. Sus métodos militares y sus represalias eran brutales. Los pueblos que osaban resistirlo en su afán saqueador y brutal, recibían duros castigos.
Hubo reyes asirios que al no poder conquistar una ciudad, la quemaron por entero y la arrasaron con hombres, mujeres y niños.
Acostumbraban capturar vivos a los reyes vencidos, y matar delante de ellos a sus hijos, y luego cegarlos con un hierro al rojo vivo, para que lo último que vieran fuera la muerte de sus hijos. Les cortaban los pulgares a los prisioneros capturados en batalla, y amontonaban las cabezas de sus enemigos a la puerta de las ciudades conquistadas.
La brutalidad de este imperio no tenía límites.
No es de extrañar la descripción de la ira de Dios contra este pueblo soberbio, altanero y destructor.
Nahúm trata a Nínive de prostituta, pues está corrompida por sus costumbres, sus falsos dioses, y su corrupción, y describe con lujo de detalles una tremenda batalla, donde no hay piedad para la ciudad odiada, que es arrasada en sus cimientos.
Hay gran mortandad y saqueo de las riquezas que la ciudad había amontonado por conquistar y saquear a varios pueblos, no hay que olvidar que Asiria dominó todo el Cercano Oriente e incluso llegó a saquear las más importantes ciudades del otrora poderoso Imperio Egipcio.
La batalla y el saqueo de Nínive descrito por el profeta tiene especial vivacidad y lujo de detalles. Es una visión terrible y dramática (Nah 2 y 3). ¿Se cumplió esta visión del profeta? Por cierto que sí. A la muerte del rey Asurbanipal en el 627 a.C. se desató una guerra civil entre los asirios. Los reyes de Media y de Caldea, aprovecharon la situación y se aliaron contra los asirios; en el 614 a.C. toman la ciudad de Asur, y en el 612 a.C. cercan y conquistan Nínive. La batalla fue sangrienta y el ejército asirio, el más temible de la antigüedad, fue terriblemente diezmado y humillado. Nínive no fue conquistada y preservada, sino que fue arrasada hasta los cimientos, y tan destruida estaba que a los arqueólogos del siglo XX les costó localizarla.
Nahúm nos hace ver que Dios no tolera la opresión y las injusticias. Dios no interviene directamente en la historia, pero quien pretenda ser un creyente y seguir al Señor no puede quedarse impasible ante la injusticia, porque Dios no se cruza de brazos, sino que actúa a través de la historia humana, para acabar con los planes de opresión de los poderosos de este mundo.
Por eso hoy también los grandes imperios y las organizaciones económicas de los países poderosos, deberían verse reflejados en la profecía de este valiente profeta que denunció la opresión y poner las barbas en remojo. No se puede jugar con la paciencia de Dios.
(Eduardo Ojeda ).
FUENTE : www.chasque.net/umbrales

ENVIÓ : PATRICIO GALLARDO V.