jueves, 11 de octubre de 2007

LOS DIEZ LEPROSOS.

DIEZ LEPROSOS por José-Román Flecha Andrés
Domingo 28º del tiempo ordinario- 14.10.2007
Todavía recordamos con gusto el encuentro de Benedicto XVI con los jóvenes en Asís, el 17 de junio de 2007.
Frente a la Basílica de Santa María de los Ángeles, el Papa les recordaba un episodio inolvidable de la vida de San Francisco. Su encuentro con los leprosos, es decir, los últimos, los marginados. Francisco sentía una repugnancia irresistible ante ellos. Pero su conversión se manifestó en un profundo cambio de actitud:
“Tocado por la gracia, les abrió su corazón. Y no sólo lo hizo con un gesto piadoso de limosna, sino también besándolos y sirviéndolos. Él mismo confiesa que lo que antes le resultaba amargo, se transformó para él en dulzura de alma y de cuerpo”.

Aquel episodio de la vida de Francisco nos interpela también hoy a nosotros. En nuestros días, los leprosos son tantos marginados y excluidos de la sociedad cuya presencia pretendemos ignorar.
También nosotros, como Francisco, necesitamos que la gracia nos toque el corazón
para acoger de forma afectiva y efectiva a todos los que sufren. A los que están lejos y, sobre todo, a los que se nos cruzan en el camino cada día.

VALOR DE LA GRATITUD
En la liturgia de hoy se recuerda el episodio de Naamán, el general sirio que fue curado de su lepra por el profeta Eliseo (2 Re 5, 14-17). Entre otras lecciones, aquel relato nos recuerda la dignidad de aquel profeta de Israel, nos enseña que Dios se compadece también de las desgracias de los paganos y que éstos pueden
guardar en su corazón un sentimiento religioso sorprendente.
Como comparándolo con el profeta Eliseo, el evangelista Lucas nos presenta a Jesús que escucha y cura a diez leprosos (Lc 17, 11-19). De nuevo, este relato está lleno de lecciones que no deberíamos olvidar:
- Trata de subrayar la dignidad y la compasión de Jesús, el profeta definitivo.
- Nos habla también de la misericordia de Dios que acoge a judíos y samaritanos.
- Nos recuerda el valor de la oración confiada que nace de la fe en el Mesías Jesús.
Y nos exhorta, de paso, a recobrar el valor de la gratitud, tantas veces olvidado en este mundo que nos
acostumbra a ser autosuficientes y altivos como si nada debiéramos a nadie.

EL QUE SANA Y SALVA

Estamos acostumbrados a subrayar la dimensión moral y social del relato que nos invita a prestar atención a los marginados. Y está bien. Pero deberíamos también ponernos en el lugar de los leprosos. Como ellos,también nosotros imploramos la misericordia que sana y salva
• “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. La oración ha de reflejar la honda verdad de nuestra condición personal. Pero también la conciencia explícita de nuestra miseria. Las señales de nuestra lepra interior son más que evidentes.
Alguna vez hemos de descubrir que no podemos salvarnos por nosotros mismos.
• “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Esta súplica de los pobres y desvalidos de la tierra se dirige también hoy a Jesús. A ese Jesús que con frecuencia es ridiculizado en exposiciones blasfemas. Pero también hay leprosos
de alma que se niegan a reconocer su podredumbre.
• “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Esta invocación, dirigida por los leprosos a Jesús no puede ser indiferente para la Iglesia de hoy. Por humillada y despreciada que sea en algunos lugares de la tierra,ella refleja en su debilidad la compasión de su Señor. Y ofrece la paz y la salvación que ella ha recibido.
- Señor Jesús, que te compadeces de nuestra miseria cuando invocamos tu gracia y tu perdón, danos un corazón compasivo para que seamos testigos creíbles de tu salvación. Amén.

José-Román Flecha Andrés
FUENTE : www.revistaecclesia.com/
ENVIÓ : PATRICIO GALLARDO V.